visitas desde el 23/07/2008

jueves, 13 de diciembre de 2007

Mis trajes de robot

Llevo un buen rato aquí sentado, dejando pasar la tarde y descansando mis pasos sin rumbo por la ciudad. No he podido dejar de observarte con tu flamante traje de super robot transformer; observo como vives tu papel dentro de el y como te sientes poderoso con ese maravilloso atuendo lleno de complementos y corazas. Hay más niños en el parque, jugando con sus bicicletas o pateando una pelota en una especie de fútbol adaptado con equipos impares y bancos de hormigón como porterías. Pero a ti se te ve orgulloso, tu juego es más divertido y más parecido a la vida misma; tú juegas a impresionar a las niñas que te rodean. Creo que una de ellas es tu primita porque tu madre lleva un buen rato hablando con la mamá de ésta y me parecen bastante parecidas físicamente. Tu primita juega con sus amigas, que son un par de niñas rubias, más pequeñas que ella y que tú. Juegan ajenas a ti, corren, ríen, saltan y gritan y tú las persigues queriendo mostrarles las prestaciones de tu traje multifunción. Aprovechando que pasan por tu lado despliegas todos los medios de que dispones, esto es, encendiendo las lucecitas del pectoral de plástico o exhibiendo el mecanismo mediante el cual, con un giro de muñeca, a tu trajecito plateado le salen unas amenazantes barras incisivas. No comprendo como puede estar homologado este artefacto raro que llevas colocado. Sospecho que te lo han comprado en uno de esos bazares orientales que últimamente están proliferando y que no están demasiado sujetos a controles. Pero esto es un decir, porque realmente desconozco este asunto. Posiblemente, este disfraz tuyo, corresponda a algún héroe con nombre sacado de uno de los miles de dibujos japoneses que tanto os gustan y que llenan la pantalla de los ordenadores y de la tele en vuestros ratos de ocio, pero yo, que me quedé en Mazinguer Z, no podría decir de quien se trata. Después de aquel, todos me parecen aburridos, más o menos sofisticados, voladores, armados, parlanchines o humanizados, pero en definitiva, una copia evolucionada del primitivo y original Mazinguer. Aquel fue el primero, el único e irrepetible, el que nos hizo gritar a toda una generación de chiquillos: “puños fuera”, un personaje integrado en nuestros juegos infantiles al que, incluso, le regalaron una novia de formas lineales y bien definidas que tenía tetas de hojalata y que nos parecía bastante sexy.
Observo que las niñas cada vez están más molestas e irritadas, el peligro se masca en el ambiente, pero, por supuesto, tú sin enterarte: ¿a qué me sonará esto a mi?, es más, es indudable que disfrutas haciendo gala del poder robótico que te convierte en algo especial. La niña, tu prima, pretende sentar a la muñequita que lleva en las manos y sus amiguitas traen piedrecitas y envoltorios de chucherías para hacerle una camita y unos abalorios, pero tú, poderoso y seguro, avanzas hasta ellas y disparas unos de esos dardos abdominales contra el sedente juguete de aspecto angelical y ricitos rubios. Tu prima, asiendo a la Barbie por los pies, te propina, iracunda y cruel, un muñecazo contra el mecanismo de acción cinética y lo deja inutilizado y, de paso, tú te llevas otro desconcertante golpe en medio de la frente. Por su parte, Barbie, vuelve a su camita sin despeinarse, ya ves. Durante unos segundos de silencio miras con estupor tu poder armamentístico destrozado y, segundos después, sales corriendo pataleando y quejumbroso. Observo que esos segundos en tu cara son más elocuentes que cualquiera de tus gritos y quejas posteriores. Posiblemente has visto con espanto que tu super traje te ha fallado y algo en tu cabecita no ha conseguido encajar este hecho. ¿Cómo es posible que las niñas no admiren tu impecable y poderoso disfraz de robot? ¿qué es lo que ha ocurrido?, pensarás. En tu corta experiencia, por primera vez, has podido comprobar donde está el auténtico poder y has descubierto que las aparentemente ingenuas armas de mujer son más poderosas que tu super coraza, incluso teniendo forma de muñeca anoréxica. Yo sí te entiendo, querido niño desconocido del parque. Es más, me solidarizo contigo y comparto tu estupor. Yo guardo muchos trajes de robot destrozados aunque no son tan brillantes ni bonitos como el tuyo.

4 comentarios:

oderfla dijo...

Este también me gustó. Yo diría que más que ninguno porque es el último que leí, y porque hoy soy mejor lector que ayer y menos que mañana.

terry dijo...

Juanma, si este niño le hubiesen comprado ese robot, en el corte ingles, su comporta miento ¿sería el mismo?. Ahora entiendo el porque, no te gusta el personaje oxidado y ligero de equipaje del Quijote

saratg dijo...

jajaja me gusta muchoo, tu y las mujeres juanmamedina. La ninha esa quieras que no es una bestia. Besiitoss. No es dificil entendernos, lo dificil es atendernos xD

puri dijo...

es verdad, k mazinger, fue toda una revolución en los dibujos animados, para mi generación. El problema k le causa el dizfraz al niño, es el k le va a seguir siempre, ke no se presente, tal y cómo es, sea niño o adulto. No creo k los problemas sean de los disfraces, sino no de aquellos, k los usan cuando no es carnaval. Es decir, siempre, xk no son capaces de presentarse tal y cómo son. Un saludo.