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martes, 19 de marzo de 2013

La moda de los pantalones para sordomudos

¡Oh deleite!, que cuando creíamos haber visto todo, en materia de modas y provocación en el atuendo, aparecen los llamados pantalones para sordomudos. Llamados así porque la fémina que los calza permite de esta manera una nítida lectura de sus labios. Y anda que no cambia nada verlas con unos simples vaqueros ceñidos a mirarlas con esta prenda que supone un paso adelante y que va bastante más allá de una silueta en la que adivinar formas. Ahora es que las ves sin problemas. Lo malo de esto es que a uno se le va la vista inevitablemente y que se experimenta una incómoda sensación de ridículo cuando te sabes cazado en tales visionados raudos y espontáneos ante una chica de buen ver mostrándote, sin rubor, sus hendiduras y prominencias, que para eso la moda lo justifica, ordinariez o buen gusto aparte.
 Hace años se oía una frase que decía que sufre más el que ve que el que enseña, y vaya si es verdad.   
Uno se pregunta ¿qué pensarán cuando sorprenden a algún incauto mirándolas?, y uno se responde que precisamente para eso se las ponen, porque la verdad es que la prenda no parece ser precisamente el paradigma de la comodidad y la discreción. Si es un viejo, seguramente lo llamen viejo verde, y a los demás de salidos para arriba por lo que dado que me lo van a llamar de todas formas, por mi parte pienso disfrutar de esta moda que espero sea duradera. No obstante, pienso que estaría bien observar como mirarían ellas en el caso en el que nosotros nos pusiéramos una prenda similar en la que se nos notara hasta el escaloncillo del glande. En mi caso, canijo y con el lustre perdido seguramente no sería un espectáculo demasiado atractivo, pero me pica la curiosidad.

miércoles, 9 de enero de 2013

Ponerle cara a todo

Esto de la crisis ya causa incluso alucinaciones. Es inevitable ver crisis por todos lados y es normal ponerle cara a las cosas y yo, últimamente, miro a mi alrededor y veo un alemán enorme, rubio y con aspecto sádico, detrás de cada uno de nosotros. En los bares, en las aceras, en las manifestaciones, al lado de Toxo y Méndez, en los estancos, en los botellones, en los programas basura de la tele, en los documentales de la dos, en las tiendas de chinos, en el Carrefour, en la desesperación de un padre que no encuentra trabajo, en la famosa champions league de cepaté (no te podemos olvidar),...un alemán detrás de todo incauto españolito, asiéndolo humillantemente del cogote con una mano y expoliándole el bolsillo con la otra. Un alemán de esos que perdieron las dos guerras mundiales anteriores y que ahora se vengan, porque, en definitiva, esto es una guerra y ¿qué es una guerra?..pues la aniquilación de todo; ahora no te tiran bombas, pero te desahucian, te despiden, te ignoran, te cobran por pedir justicia, te acorralan, te arrebatan el pan y la sal y les da igual que te suicides...es más, te ponen la cuerda para que te cuelgues y lo justifican o te hacen sentir culpable por haber votado a los anteriores manirrotos...y dado que  "El tío la vara" no aparece,  así va a seguir siendo hasta que nos revolvamos contra el alemán y los que permiten esto, dándole un golpe en los mismísimos y diciendo...quita ya cojooooooooones.

Y ahí no acaban las alucinaciones; también veo la cara de muñeca parlante y diabólica de la Merkel y me acojono, también veo ese semblante lleno de humanidad de la Cospedal, esa alternativa eficaz de Rubalcaba y ese brillo de inteligencia en los ojos de nuestro actual presidente y una corriente de euforia me recorre el cuerpo...ya ves tú.



domingo, 6 de enero de 2013

Una china en una boutique

Ya lo había observado en otra ocasión, pero esta vez me ha llamado la atención por lo evidente del asunto. Una china en una boutique de marca mirando ropa a destajo. Por favor que clientela más exigente, piensa uno en un primer momento cuando la ves escrutando, detalle por detalle, las prendas a una velocidad vertiginosa, sin pausa y sin dejar nada atrás; las etiquetas, las costuras, la textura, los bordados, los bolsillos...es que no se le escapaba nada, un trabajo de chinos oye, y al final se va sin comprar nada. Supongo que en una boutique menos concurrida o a una hora menos visitada, los mismos dependientes harían algo ante la evidencia de esas escuálidas ojeadoras asiáticas que después van a imitar la prenda en una versión de entre tres y cinco euros.
Pasado el momento divertido de la escena, uno reflexiona con la Lola, que lo estaba observando también y cae en la cuenta de varias cosas. En primer lugar, y puestos a pensar, ¿qué me importa a mí que le copien la colección a un diseñador que vive en una mansión y que goza de prestigio vendiendo prendas a precios imposibles? Como muchos españoles, yo también visito las tiendas de ropa de chinos y, a pesar del reparo que me da el olor a plastiqueo y falsificación, me siento atraído por los precios razonables y asequibles. Joder ¿es que sólo los chinos tienen sentido común últimamente? Lo malo es que junto con los precios que nuestra economía en crisis agradece, sin darnos cuenta, están importándonos pobreza y falta de derechos. Un círculo vicioso imposible de reconducir. Se me ocurre que cada vez que un chino entre en una boutique reciba un trato personalizado de todo el personal ofreciendo ayuda y asesoramiento agobiante para agobiar a los ojeadores de una forma cortés para dificultarles de alguna manera este descaro, pero ¿de veras es mejor para mí?



martes, 31 de julio de 2012

Encriptaré el blog en septiembre

Os comunico que, por lo expuesto que es para mí   haber llegado a ser conocido el blog entre lectores y ámbitos inadecuados, en septiembre voy a encriptarlo. Si alguien está interesado en seguir con su lectura, tendrá que solicitármelo en un breve protocolo que saldrá al intentar abrirlo y yo daré autorización. Saludos

jueves, 17 de mayo de 2012

Y venga flamenco, muchacho

Mira, Juanma, yo he visto cosas que si te contara...bueno te puedo contar algunas, pero no doy nombres. Ya ves tú, tendría yo dieciséis añetes y ya estaba de camarero en los mejores sitios. A mí me dejaban billetes de veinte duros de propina en el bolsillo de la camisa un montón de veces a lo largo de la noche, en las partidas de cartas de los salones más selectos. Y allí he llegado yo a ver fajos y fajos de billetes encima de la mesa, y pensaba...madre mía si yo pudiera...Bueno el caso es que allí estaba la creme de la creme y te aseguro que sólo con las propinas ganaba yo más, en cuatro horas, que el resto del día detrás de la barra. Gente de pelas; uno de ellos era un abogado de Madrid que venía en helicóptero para la montería, y no sabes como corría el vicio. La primera vez que vi yo la droga fue allí, y no te hablo de simples porretes. A otros les traían las mejores nenas de Mestanza y se las ponían a cada lado de la mesa de juego y luego a la habitación y yo decía...cabrones con lo que debe costar eso. Eso sí era lujo; unos Mercedes de aquellos grandes, y unos Dodge dart que se te caía la baba. Yo les traía las barajas porque, como sabrás, no repetían dos partidas con la misma. Quinientas pelas cada una, ¡qué ya estaba bien pagada! y otras quinientas que me metían a mí en el bolsillo, mínimo cuatro partidas...una pasta que llevaba yo a mi casa cada noche de montería. Luego se bajaban al restaurante y se ponían hasta el culo del mejor vino y de las mejores raciones, y venga flamenco. Yo no tenía ni que cobrarles; yo les daba la nota para que la firmaran y luego el hotel se lo cargaba en la cuenta. Uno de ellos me firmaba justo debajo del total, sin dejar hueco y yo un día le pregunté que por qué hacía eso.

-Pues mira, chaval, prefiero darte a ti otra propina, (y en ese momento me metía otros dos billetes de veinte duros en el bolsillo) antes que dejar el hueco para que el de la oficina añada mañana tranquilamente lo que le dé la gana; para eso te lo llevas tú que estás aquí aguantándonos.
Y yo decía: sus huevos ahí.

A última hora se cruzaban a Los Velones. Eso sí que era un lugar selecto para tomarse una copa tranquilo. De hecho no todo el mundo podía entrar. Abrían el ventanuco y después de mirar te admitían o no, como en los locales de la mafia. Los vasos los fregaban y los secaban de uno en uno, y las copas te las ponían con tranquilidad, sin permitirle a nadie que metiera  prisas. Yo he visto allí nenas de esas que llevaban de gancho parta alternar con la gente esta de pasta, y stripteases y de todo...y venga flamenco; allí cantaba lo mejor de la provincia. Si yo te diera nombres...pero uno es profesional y discreto.




jueves, 10 de mayo de 2012

Estos días

Estoy de baja, tengo un viejo esguince en el pie que de vez en cuando reaparece sin motivo aparente; puede ser a causa de mi pie cavo, del ojo vago o del lumbago...vete tú a saber. El caso es que este mes voy a cobrar menos dinero porque la reforma laboral de Rajoy penaliza económicamente las bajas. Yo tengo la hipoteca pagada y no tengo bocas que alimentar, pero el que tenga ambas cargas le va a mentar la madre al señor este de las gafas al que hemos votado para enmendar los desaguisados de cetapé, al cual, para nuestro estupor, parece tener como asesor. Ojalá dentro de un año tengamos que decir ...ah, mire usted, resulta que el señor éste, que tiene pinta de haber sido el tonto de la clase, llevaba razón porque los sacrificios que nos impone (por no decir las burradas) han dado su fruto...pero me da a mí que nasti de plasti. Verás tú que divertido va a ser ver a enfermeras contagiando gripes en los hospitales, maestros afónicos dando clase o a policías escayolados protegerte de un atraco, porque tienen hipotecas e hijos y no se pueden permitir una baja. Yo voté a estos señores para otra cosa.

Los amiguetes, bueno...digamos los viejos amiguetes o simplemente conocidos afines (con 47 años algo me chirría al pronunciar la palabra amigo. ¡Ha visto uno tantas cosas!), vienen a hacerme una visita porque yo los he llamado, por puro aburrimiento, a causa de las muchas horas aquí metido y no hacen otra cosa que zamparse tres gin tonic, poner cara de satisfacción porque les he comentado que tengo todos mis ahorritos, que no son muchos, en Bankia y luego largarse después de decirme que tengo el piso bien decorado. Cosa rara esto de los “amigos”, ya te digo. En la tele no dejan de decir que ha quebrado la entidad mientras en el móvil ya he recibido varios mensajes publicitarios de Bankia en los que me animan a ingresar más dinero diciendo que ahora dan premios por hacerlo y a mí me da una risa floja bastante poco graciosa. Y yo aquí sin poder moverme, precisamente ahora que hace sol y calorcito. Manda cojones.

viernes, 4 de mayo de 2012

Frivolidades, las justas por el momento.

¡Oh maravilla!, por ahí he leído que el gran Sardá vuelve a la televisión. Sí, ese muchacho que empezó repartiendo gallifantes en los años ochenta y que acabó haciendo de la televisión un circo de homosexuales locas haciendo el payaso, un espectáculo de gente insultándose y agrediéndose y una cancha en la que humillar y reírse de friquis y paletos de todo pelaje, al más puro estilo del típico señorito ridiculizando, con sus amiguetes, a cuatro desgraciados y otros tantos “mariquitas graciosos” con los que divertirse, incluso yendo a recogerlos en limusina a  barrios obreros y suburbios.  La homosexualidad, a mi parecer, no es ese espectáculo indigno que nos ofrecía este individuo.

Si quieres te doy la lista de algunos de sus personajes “ensalzados” como Tamara luego Ambar, Arlequí, Toni Genil y  Dantés. Otros había que resultaban la mar de pedagógicos, encargándose de enseñarnos a dialogar respetuosamente de la manera más pacífica, como el tal Kiko Matamoros y su hermano, los cuales aparecían reconociendo que se ponían de coca hasta las cejas y haciéndose publicidad blandiendo un bate de béisbol.  Aquello fue todo un fenómeno, y me consta que bastante menos inocuo de lo que nos parecía, inundando todos los canales de mal gusto y de personajes descubiertos en "crónicas marranas"; y no digo marranas precisamente porque se vieran tetas, aunque incluso a la discoteca de mi pueblo vino Dinio enseñando el pito y la bruja maruja poniendo velas negras. No había manera de librarse de semejante engendro del que el catalán parecía estar tan orgulloso.

El único que por entonces dijo algo al respecto fue Sabina que, a pesar de no ser precisamente un dechado de virtudes, tuvo la decencia de abominar en público del ínclito Sardá, aunque a lo más que llegó fue a preguntarse dónde había ido a parar su talento.
He oído decir a alguien de mi entorno que habría que prohibir, por decreto ley, que el tal Javier se acercara a un plató de televisión, pero sería la manera perfecta de convertirlo en un héroe victima de la intolerancia y de la ausencia de libertad, así que no se me ocurre otra cosa mejor que cambiar de canal o exigir un decreto ley contra la falta de respeto y de ética en los medios de comunicación, sobre todo si es de esa forma tan descarada.

Sinceramente, no creo que al catalán éste, que se forró como para vivir como un marajá tres vidas, tenga la necesidad de volver a la carga por dinero, y por otra parte no me parece precisamente ahora el mejor momento para semejantes frivolidades. Espero que si sigue en la misma línea, los índices de audiencia den cuenta de él, pero claro, de nuevo me asalta la duda de siempre: ¿no será que tenemos lo que nos merecemos?