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domingo, 11 de abril de 2010

Una más


¿Cómo podría yo saber si me mentía cuando decía que me quería? Uno sólo tiene una especie de balance ambiguo para juzgar algo tan confuso; una lista de convencionalismos cumplidos a rajatabla dentro de un edificio recorrido por grietas inquietantes. Uno nunca llega a saber qué es mejor.
Cuando se es agua pasada, uno se siente como atendido por una enfermera con tacones de aguja mientras te realiza una extracción; agradecido por tan sugerente detalle a las nueve de la mañana y a la vez descolocado. Algo similar a oír la palabra cultura; utilizada tanto para identificar la forma de vida de una tribu de indígenas en la selva, como para reconocer el gran conocimiento y erudición de un individuo. Como cuando se dice que alguien tiene carácter, atribuido a quien simplemente es un maleducado agresivo; ni siquiera mal carácter. Algo tan ridículo como la visita de un conocido, después de meses sin dar señales, para preguntarte si le queda bien una camisa.

lunes, 29 de marzo de 2010

Frases


Supongo que todos tenemos una frase que nos ha sido útil en alguna ocasión bien sea a modo de máxima, de bálsamo o de tabla de salvamento. Yo tengo mi propia colección y me ha acompañado y sido útil a lo largo de mi vida de una manera u otra. En mi caso, que no soy aficionado a leer poesía, filosofía o correos de internet, se trata de trozos de canciones. Ahí van algunas de ellas:
.Sólo el amor convierte en milagro el barro. (Silvio Rodriguez)
.Que dignidad tan grande es creer tanto en la vida con sólo ver una flor brotando entre las ruinas. (Rally Barrionuevo).
.Y reír y reír y reír, madrugadas sin ir a dormir, es distinto sin ti. (Silvio)
.¿A dónde van las palabras que no se quedaron, a dónde van las miradas que un día partieron?, ¿acaso flotan eternas como prisioneras de un ventarrón? ¿acaso vuelven a ser algo? ¿Acaso se van?, ¿ a dónde van? (Silvio)
.Lo que iba a ser y la mierda que ha sido. (Sabina)
.Me cago en el amor. (Tonino Caretone)
.Querida prima, he de volver por lo que me dejé en tu piel (Roque Narvaja).
.¿Amigos para qué? Maldita sea, yo a un amigo lo perdono, pero a ti te amo. (Jean Luca Grinniani.)
.…sin poder conocer eso que llaman amor para vivir (Pablo Milanés).
.El peso del mundo es amor, bajo un caos de soledad, bajo un caos de insatisfacción…el peso que llevamos es amor.(Hilario Camacho…bastante fumadete evidentemente).
.La lluvia es vertical, no tengo ninguna objeción, sólo que algunas veces puede sentarme mal, que elijas un diluvio para dejarme atrás. (Javier Batanero)
.Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio (No me gusta Serrat, pero la frasecita se las trae).
.¿Ustedes me han mirado? Pedirle a ese bombón que me quisiera ¿no les parece que era pedirle demasiado?

domingo, 21 de marzo de 2010

El código Ximena

Ultimamente estoy trabajando en un manuscrito del siglo XVII de un historiador llamado Martín Ximena Jurado.
Desde el principio me llamó la atención una peculiaridad a lo largo de muchas de sus páginas, y no es otra que el hecho de que a la hora de dar fechas lo hace tomando como referencia, simultáneamente, los calendarios Juliano y Gregoriano. Es decir: en el momento de datar un suceso, como el caso de la pérdida del castillo de Gibraltar, por ejemplo, lo hace dando dos fechas. En este caso el año 1333 y el año 1371 de la era de César. Y esto se repite a lo largo de muchos sucesos.
Es inevitable hacer el cálculo mental y darse cuenta de que la diferencia entre una fecha y otra es justo de 38 años. Basta con saber que el calendario Juliano se implantó en el año 46 antes de Cristo y que el Gregoriano actual entró en vigor en 1588 para descubrir que ocurre algo raro. Si distan 46 años desde la implantación del Juliano hasta el nacimiento de Cristo ¿Por qué la diferencia es de 38? ¿Qué ha ocurrido con los ocho años restantes?
Alguien tan docto en historia antigua como Martín Ximena, que manejaba a diario los dos calendarios en su trabajo, no podía ignorar algo así, de manera que las preguntas que surgen son: en vista de que el libro fue empezado a escribir sólo 33 años después de la implantación del calendario Gregoriano ¿usaba el historiador el calendario anterior por inercia? ¿Se dio cuenta del error evidente que se deduce en cuanto al año del nacimiento de Cristo? ¿Cómo sacerdote que era o como persona que vivía en pleno auge de la inquisición no pudo o no quiso decir nada al respecto? ¿Daba las fechas con los dos calendarios por un simple motivo de rigurosidad o pretendía llamarnos la atención sobre el error? ¿lo aceptó de forma natural al igual que la sociedad de la época sin rechistar?
Desde hace tiempo muchos estudiosos aseguran abiertamente que Jesucristo realmente nació entre seis y ocho años antes de lo estipulado, como bien demuestra este autor. ¿Lo sabía Martín Ximena y quiso expresarlo soterradamente a modo de código Xímena?

domingo, 28 de febrero de 2010

El delantal


La Lola viene los fines de semana y suele meterse en la cocina a preparar algún plato, incluso a veces prepara de más para que yo tenga algo decente que comer entre semana. Y que conste que yo no le pido nada, que lo hace ella voluntariamente. Bueno, supongo que mis continuos halagos, agradecimientos y reconocimientos culinarios han llegado a suponer una especie de acicate cuando menos, pero palabra que son sinceros y que carecen de intencionalidad. Ella, totalmente impasible, siempre me responde: no te preocupes, yo también tengo que comer y hacerlo en los restaurantes tan a menudo ya me tenía cansada.
Bueno, el caso es que el otro día, estando de compras, vi un delantal muy simpático y pensé en seguida en regalárselo dado que últimamente anda entre salsas y que no hay camiseta suya que no lo demuestre. Me decidí por uno con la cara de Chaplin, pero, en el mismo momento de alargar la mano para cogerlo, una ineludible duda existencial se apoderó de mí. ¿No será demasiado machista por mi parte regalarle esto? ¿Y si me compro yo otro para diluir toda connotación discriminatoria y de género? ¿Por qué me voy a gastar el doble si a mí no me gusta y además no me hace falta porque yo no me mancho? De todos modos yo siempre la ayudo pelando las alcachofas, procuro cumplir recogiendo y poniendo la mesa, trayéndole el postre y preparando un bacalao en sanfaina, que le gusta, al menos cada dos findes.
De veras que llegó a angustiarme el asunto y allí, frente al estante, mirando la prenda, animado y disuadido por momentos, no sabía si pasar o no por caja con semejante objeto, de manera que decidí que las manchas de sus chandals y camisetas son cojonudas y
políticamente correctas, y punto…y ya está….se acabó el mamoneo.
Curiosamente, ese fin de semana, Lola apareció con un delantal diciendo: mira…me lo ha comprado mi madre y en ese momento pensé que lo último que pensé en la tienda fue eso precisamente: que se lo compre su madre.

martes, 16 de febrero de 2010

Algo que ocultar


Durante mis primeros años de facultad yo tenía una novia con la que dormía al menos una vez en semana, cenaba todas las noches y practicaba sexo diariamente. Compartíamos apuntes, gustos y, sobre todo, horas y horas de vida estudiantil anárquica. Conocía su letra, su firma, el color y el modelo de todas sus bragas, la cantidad de pares de zapatos que tenía, sus vestidos estampados, el par de vaqueros y su carpeta con el boli enganchado en la goma.
El hecho de estar ambos fuera de casa y disponer de una habitación individual en un piso compartido con otros estudiantes suponía todo un mundo de libertades y posibilidades que procurábamos aprovechar. En definitiva sabíamos casi todo el uno del otro, sobre todo porque la escasez de dinero no daba para grandes desmarques.
Reconozco que no compartíamos gustos musicales; yo me sabía de memoria “Amante de cartón” de Roque Narvaja y ella no iba más allá de las cuatro horteradas del momento como el “Calimba de luna”, pero de ninguna manera eso suponía un distanciamiento.
Ni ella desconocía mis escarceos con la putita de la clase ni yo era desconocedor de algunos rumores sobre mi pareja. Como puedes ver…la típica relación de dos veinteañeros universitarios en la que, a pesar de las noches de fiestas en los pubs del Gran eje nada parecía ser anómalo. Eso pensaba yo hasta aquel fatídico día en el que, por primera vez y como suceso excepcional, uno de los profesores pasó lista en una de sus clases. Para mi sorpresa, su rubor irritado y la hilaridad del resto de compañeros, mi novia María, en realidad, se llamaba María Sebastiana. Cierto es que en los dos años de relación nunca se me había ocurrido mirar su deneí ni había sido necesario, pero coño algo así… Recuerdo como se tapaba las tetas con pudor, pero jamás me fijé en como ponía el dedo pulgar sobre la mitad de su nombre cuando tenía que mostrar su carné. Mirándola, algo confuso, después de decir "presente" aquella tarde, en aquel aula, supe que todos tenemos algo que ocultar.

domingo, 31 de enero de 2010

zonas cero


El concepto de zona cero alude a la devastación total, a la muerte y en general al colapso, en todos los sentidos, al que da lugar el choque de civilizaciones. Ya ocurrió cuando ardió la biblioteca de Alejandría y ocurre siempre que se forjan imperios.
Hay una canción que se llama “Zona cero” y su argumento describe, lo que para el autor, son evidentes zonas cero. Porque no sólo está en el corazón de Manhatan, dónde antes había dos torres; eso dice la letra. Estoy totalmente de acuerdo con este planteamiento, tanto que, escuchándola, se me han ocurrido algunos sitios más en los que, a mi juicio, debería ubicarse también la zona cero:
En la intolerancia religiosa, en el retraso medieval que supone, en la soberbia de occidente, en la desolación de las calles de Bagdad, en el corazón de los mandatarios corruptos, en los vientres hinchados en África, en la ausencia de una pierna que voló con una mina, está dónde los rehenes de las selvas de Colombia, en el agujero de la capa de ozono, en el odio ancestral que a veces revienta entre los vecinos de la vieja Europa, en las aniquilaciones étnicas, en el hogar de un basiji caído, en el Dios al que continuamente aluden los yanquis, en ese mismo Dios, en su desdén…

domingo, 17 de enero de 2010

Descargas



Nuestra ministra de cultura ha manifestado claramente estar en contra de las descargas de internet y de la velocidad de la banda ancha. Dice que no la necesitamos y desconfía abiertamente de quienes la usan. Teniendo como tiene el poder y vistos los casos de Francia y Estados Unidos, seguramente en un futuro no muy lejano estará perseguido y duramente sancionado bajarse canciones o películas. De hecho ya está la muchacha trasteando el tema. Por supuesto, fue presidenta de la Academia de Cine, que todo hay que decirlo.
Nada nuevo. La iglesia tiempo ha que desconfía de todo lo que no se ciñe sus cánones, y los regímenes autoritarios han hecho lo propio, en multitud de ocasiones, echando al fuego la ciencia y el saber contenida en los libros. Incluso los más populistas como el régimen de Mao desterró violentamente la cultura; aniquilando todo volumen impreso que no fuera su libro rojo. En ocasiones también la imprenta ha estado perseguida en determinados lugares y momentos históricos. En definitiva, por unos motivos u otros, la cuestión de fondo, ya sea como fin en sí mismo o como daño colateral, es dificultar y negar el acceso gratuito y libre a la cultura. Así de claro; seguramente nuestra ministra y sus acólitos pondrían el grito en el cielo y me tacharían de exagerado y alarmista o cualquier otra cosa si leyeran esto…¿qué puedes esperar?
A poco que uno levante la liebre y reflexione un poco, es sorprendente las conclusiones a las que se llega. ¿A quien beneficia negarnos las descargas? ¿A quién perjudica? ¿A cuántos en detrimento de cuántos? ¿A los cantantes? Desde hace muchos años es sabido que el artista sólo recibe cincuenta céntimos, como mucho, de cada disco que se vende; los cuales llegaban a costar, en sus mejores tiempos, una media de 25 euros.
Actualmente, los discos que escuchamos no se graban en instalaciones millonarias. Se hace en simples ordenadores con unos periféricos específicos cuyo valor no supone una inversión inasequible; de hecho el mismo Lenny Kravitz grabó hace unos años el mejor de sus discos en su casa, en un Appel. En cuanto al soporte físico, todos sabemos que un cedé por muy impreso que venga no vale mucho más de un un eurete. Dónde los artistas ganan dinero y prestigio es en las actuaciones en directo. Hay muchos de ellos que reconocen abiertamente que internet les ha servido de publicidad y plataforma de lanzamiento, como en su momento lo fueron las gasolineras para Camela.
Esta es la auténtica realidad y visto así..insisto: ¿Quién se beneficia o a quién se perjudica persiguiendo las descargas? Algo huele mal aquí. Después de años de internet, la industria de la música sigue viva, lo que es cierto es que ya no hay grandes magnates en este sector…pues que se jodan, que quieres que te diga.
Para quienes viven en grandes ciudades con todo tipo de comercios y tienen tiempo y dinero todavía, pero dígame usted, viviendo en un pueblo, ¿a qué videoclub puedo acudir para poder ver un clásico del cine negro que tanto me gustan? ¿si lo compro por internet va a llegar el dinero a los herederos legales del los derechos de autor de Jhon ford? ¿A dónde debo recurrir si quiero escuchar la obra de Satie?, ¿espero a que Planeta, con suerte, edite algún coleccionable de los que suele sacar en septiembre?
Señora ministra, a mi entender, tiene usted una visión bastante simple y tendenciosa del tema, es más, creo que ni siquiera se ha planteado el tema de una forma que no suponga un paso atrás en el desarrollo de la sociedad y cómo siempre va a recurrir a lo típico, prohibir y perseguir que es lo más fácil; como corresponde a un gobierno que se dice progresista ¿verdad?