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miércoles, 5 de enero de 2011

Badenes


¿Qué cosas dirías tú que están claramente desfasadas? Posiblemente se te ocurra una nutrida relación y seguramente coincidamos en casi todas, pero hay una en especial que no vas a poder negarme. Por su tosquedad y su simplicidad dañina, los badenes para limitar la velocidad de los coches son, sin duda, algo salido de otro tiempo, unos dispositivos dotados de una crueldad medieval, unas construcciones más propias de las calles de cualquier ciudad del Bloque del Este en los años cincuenta que un elemento disuasorio en nuestras calles plagadas de indicadores leds de última generación. Vamos, un prodigio de tecnología por la que merece ser otorgado un premio a su inventor y a las administraciones que nos las instalan en estos tiempos de sofisticación tecnológica.
No digo yo que los cambien por las pinturas esas que, por ilusión óptica, casi te provocan un infarto cuando se te levanta del suelo una niña, a pocos metros del automóvil, si vas a un poco más de velocidad de la cuenta, pero ¿de verdad que no hay otra solución que no implique necesariamente que se te reviente una rueda o se te joda un palier si te descuídas o no está suficientemente iluminada la calzada?
Lo curioso es que cuanto más pequeños sean los pueblos y menos riesgo de atropellamiento supongan sus travesías, más elevados y abruptos son sus badenes. Si no...pasa por Cazalilla y ya verás.

martes, 2 de noviembre de 2010

A mí me pasa algo.


A mí me pasa algo. Siempre me ha ocurrido algo que no alcanzo a entender. Ya desde pequeña mi madre me lo decía. Yo siempre he sido distinta incluso a mis hermanas; las dos hacían una perfecta entente de la que siempre me excluían. Me pasa algo; una especie de ansiedad...no sé.
Hasta los cinco años me hacía pis en la cama y por eso me llevaron al psiquiatra ya de chiquitita. Mi madre decía que tengo una neurona débil, ya ves...ni dos ni tres, sólo una. Yo pensaba desde mi tierna infancia: ¿cómo pudieron haberla localizado y en qué parte estaría?, ¿tal vez por encima de la oreja? ¿o justo en el entrecejo donde se pintan un punto los indios?
Ya de mayor, mi ex marido también me llevó al psiquiatra; que manía tienen con llevarme a hablar con un señor que lo único interesante que hace es mirarme el culo. Yo no soy la rara. Pero si hasta la primera vez que Rafa entró en casa a pedir mi mano se puso a hablar con mi padre de lo cabrón que era Franco, sabiendo que mi padre es sargento de la Guardia Civil, que desde entonces se me metió la angustia en el cuerpo. Es que no me pasa nada normal, y luego dicen que es a mí a la que se le va la pinza. Hasta mi madre no dice más que tonterías...pues no que va y me dice que siempre tengo que estar igual...ni más alegre ni más triste...mantenerme estable...ni que fuera una un robot. Con el poquito dinerito que tenía me arreglé la muela y ella decía que fui tonta por no haberme puesto una corona en el incisivo, que se ve más y lo tengo negrillo. Pero si lo que más necesitaba era la muela para comer...y luego dicen que es a mi a la que se le va la pinza...Con cuarenta años que tengo y me tienen harta...que si cálmate, que si voy acelerada, que si calla ya...ojuuuuuuuu

jueves, 21 de octubre de 2010

Las follamigas


Un nuevo término viene a enriquecer este nuestro, ya de por sí, rico e ingenioso idioma. En esta ocasión además se trata de una palabra con vocación de definir y sintetizar un complejo y difícil modo de relaciones personales: pues eso...los y las follamigas. Hasta ahora, sólo lo he oído y leído en femenino, aunque el artículo cambie. Sin duda fascinante. Yo, que tengo un ávido interés por comprender los entresijos de todo tipo de interacción humana, sin duda me he visto atraído por el tema.
En principio puede parecer que no se trata de nada nuevo, ya que el término está compuesto de un verbo y un sustantivo totalmente normales que, como mucho, pueden dar lugar a un oxímoron. En definitiva no se trata de otra cosa que follarse a amigas y amigos.
Vale, sí, de acuerdo, pero a poco que uno observe se da cuenta de que se ha convertido en un tipo de relación humana totalmente extendido, y que se entiende como una opción válida en sí misma, asimilándose los trastornos asociados a esta práctica, de la misma forma que un matrimonio acepta los propios de la vida conyugal.
En efecto, se ha convertido en una forma de vida asociada a cualquiera de los cinco estados civiles: solter@, casad@, viud@. separad@, divorciad@, e incluso a personas con pareja estable, si bien tiene menos incidencia en las parejas jóvenes prematrimoniales. El matrimonio conlleva en muchas ocasiones la insatisfacción, el deseo reprimido y la rutina como parte del menú y el “follamigismo” la sensación de vacío y de añoranza ficticia de una pareja significativa que centre y conforte nuestra vida, amén de todo tipo de situaciones ridículas. ¿Que te has enamorado después de tres citas y la follamiga te corta el suministro para irse con otro?...te jodes y llorisqueas. ¿Que la cama de tu follamiga te parece más un taxi que un nidito de ternura y pasión? ...pues eso. Sólo es cuestión de cambiar el chip, y si no te encaja mira el flexo o las lámparas de tu casa con esas enormes y horripilantes bombillas de bajo consumo que regala el gobierno y verás que nada es perfecto.

jueves, 7 de octubre de 2010

El gusanillo



Sí, realmente es cierto eso de que se lleva el gusanillo de la música toda la vida. Desde el 97 no había vuelto a pisar un escenario. En aquella ocasión fue en Madrid, en pleno homenaje a Hilario Camacho, cuando Javier Batanero me ofreció su guitarra y Toi terminó de convencerme para que me subiera a cantar. Esta vez han sido los Guachis; ese grupo gaditano cuyo cantante resulta ser primo mío. Eso fue hace un par de sábados, en la sala “Fama”. Supongo que el par de cubatillas que me había tomado y la insistencia de todo el grupo, desde el escenario, no me dejó otra opción. Imagínate, todo el mundo mirándome y yo, que ni siquiera había ensayado nada, subiendo y cogiendo una de esas guitarras que me ofrecían. ¿Y ahora que canto yo? En breves instantes, mientras me colgaba el instrumento, mi cabeza hizo una revisión veloz del repertorio del que dispongo, y seleccionó un tema teniendo en cuenta que: debía ser lo más sencillo posible para que la banda me pudiera seguir y que fuera lo suficientemente animado como para no mosquear a la concurrencia a las tres de la mañana. Pues ya ves, oye, lo que son las cosas...tan divinamente, como si lo hiciera todos los días. Empecé a cantar “patapalo” que tiene tres acordes mal contados y como resulta que los chavales son buenos músicos, aquello sonó. Bueno, el caso es que la gente bailoteó y canturreó conmigo. Me han pasado una foto del momento hecha con un móvil, no es que se vea muy bien, pero ahí queda como testimonio. Saludos.

domingo, 3 de octubre de 2010

No me arrepiento.


Cuando la vi por primera vez enseguida supe que una venus desubicada iba a regalarme unas horas de su tiempo. Ahí estaba; tiempo atrás habría soñado con algo así, siempre he soñado con ella, era ella. Mi vida habría sido distinta si en su momento esos ojos y esas curvas se hubieran fijado en mí y me hubieran correspondido.
La historia era la misma de siempre, llevaba la marca inequívoca de haber andado entre guaperas desalmados a los que, sin duda, siempre había sido propensa. Habían entrado y salido de su cama durante años, desde que el primero de ellos la desvirgó y pasó al siguiente himen sin tener en cuenta que había sido el inicio del gran canto a la desilusión que iría forjándose a lo largo de los años en ella.
Le dije “vente conmigo, preciosa” y aún no sé si contestó que sí o que no, pero la llevé a casa, después de ver como mandaba un mensaje a alguien en el que se excusaba para quedarse conmigo. Aquella noche, sus besos fueron tan profundos como la penetración que nos mantuvo inmersos en un compás desesperado, y no diré que me regalara nada porque fui yo quien le regaló un torrente de ternura, o más bien lo descargué sobre ella; aún no lo sé.
Llevaba el cartel de peligro por alta tensión impreso en las caderas y en los labios, lo supe porque se dirigía a mí en todo momento con el término “los tíos sois...”, y también cuando, neurótica y desvelada, me despertó de madrugada para cuestionar mis palabras de arriba a abajo aunque realmente yo no le importara nada.
Por más que lo deseaba, ni siquiera me atreví a pedir que me hiciera un hueco en su vida aunque fuera un espacio compartido. Hermosa hasta el punto de hacerme abandonar mis principios para colarme por una rendija hasta ella, lo más hermoso que me dijo fue un simple y descorazonador: "no me arrepiento de haber pasado la noche contigo", pero al menos me lo dijo en francés que siempre suena mejor.

jueves, 9 de septiembre de 2010

El riesgo de cumplir una fantasía


Mi matrimonio discurría con toda normalidad; fue así durante años. Polvete el sabadete y vaciones si se podía. Esos eran, entre otros, los placeres extras a los que uno aspiraba abiertamente. Pero también existían otros anhelos inconfesables, o al menos poco susceptibles de cumplirse, que uno guardaba en algún lugar entre las fantasías remotas y los objetivos por cumplir.
Un buen día vino a infiltrarse en el lecho conyugal el virus de la reivindicación marital y, después de pensarlo mucho, le pedí a mi, que yo supiera, recto-virginal esposa aquello con lo que había soñado durante tiempo...una larga noche de sodomía (activa por mi parte, evidentemente).
Ni que decir tiene que se negó en rotundo a semejante aberración, con lo cual y a pesar de haber albergado cierta esperanza de poderlo conseguir con lisonjas e insistencia, mi gozo cayó en un pozo. Pasaron algunas semanas y cuando ya daba por imposible la fantasía; como en su momento me resigné a que jamás lo haría con dos a la vez sin pagar, mi recto-virginal esposa, después de discutir con una vecina sobre las bondades del sexo anal, y de que esta le despertara el morbo, una buena noche, adoptó una postura lordósica y me dijo: “venga, dame por el culo y déjame en paz ya de una vez”.
Ostras...aquello sonó a música celestial. Por entonces se me empalmaba con suma facilidad y poco me costó con un poco de empuje y paciencia; hoy no podría disponer de semejante dureza para tal empresa sin ayuda de la química o de la motivación de un pivón que jadeara como loca sólo con rozarla. Fíjate que una vez conseguido el objetivo me resultó hasta guarro, pero las peores consecuencias aún estaban por llegar, de manera que jamás hubiera imaginado el riesgo que entrañaba aquella práctica.
Pocos días después ella se quejaba de unas almorranas provocadas por la penetración en el recto de un cuerpo extraño (fíjate tú, llamarle extraño después de 10 años de matrimonio y cinco de relaciones prematrimoniales). A partir de ahí su distanciamiento y su acritud fueron en aumento día a día y su carácter se tornó insoportable hasta que la relación se arruinó definitivamente y sobrevino la separación. Nadie me cree cuando lo cuento, pero aquella mujer nunca volvió a ser la misma después de aquella noche, yo sé que fue así.

domingo, 15 de agosto de 2010

Certezas

Yo tengo algunas certezas curiosas; no me refiero a las que todos tenemos sobre la necesidad de que el arbitraje en el fútbol se modernice o a perogrulladas tales como deducir que hay una boda si ves por la calle un par de chicas ataviadas con vestidos de saldo a la manera de Falcon Crest.
Yo tengo algunas certezas curiosas que posiblemente nunca te hayas planteado. Yo sé exactamente cual es la palabra que más veces he oído en mi vida. Me refiero al sustantivo "maestro", término con el que se me ha interpelado una media de 100 veces al día, durante un día y otro a lo largo de los últimos 17 años de mi vida. Aún así no me acostumbro a que me llamen de la misma manera con la que se referían a Jesucristo o a Platón, por poner un ejemplo.
Como decía un antiguo profesor: "maetro es aquel que crea escuela", y de eso hay bien poco en este cuerpo de docentes españoles atosigados por el papeleo, presionados por todos sitios y utilizados para inculcar cualquier idea política que al tecnócrata lumbreras de turno le dé por estimar como buena y necesaria desde las alturas su maravilloso despacho en la última planta de cualquier edificio administrativo.
Yo tengo otra curiosa certeza: yo sé cual es el presente de indicativo del verbo asir ¿lo sabes tú?...¿de verdad? Amigo mío, si lo sabes, has de saber que no es cuestión baladí, créeme que, curiosamente, ninguno de mis avezados compañeros de profesión han sido capaces de responder correctamente.
Yo tengo más curiosas certezas: sé a ciencia cierta que, si existiera la reencarnación, el último país en el que quisiera venir al mundo es en Argentina. Sí, por encima de Angola, Senegal o Sierra Leona. Y además sé también que, en la mayoría de los casos, el sexo de menor calidad es el que te brindan las llamadas profesionales. Por cierto el mencioando presente de indicativo es: yo asgo.