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miércoles, 14 de octubre de 2009

Mis placeres favoritos


El placer de leer un buen artículo que me haga reír o me estimule las neuronas sin llegar a cuestiones demasiado existenciales. El placer del aroma de una varilla de sándalo consumiéndose, a media luz, en un pebetero marroquí de madera taraceada. El jazz rompiendo el silencio de la noche, como un reconstituyente poderoso.
A mí no me hace falta pensar demasiado para saber cuales son mis placeres favoritos; un buen polvazo con una tía buena y una buena cerveza fresquita antes de comer al salir del trabajo, y si es en días de calor… ni te cuento.
Una vez oí decir al personaje de alguna película, en uno de esos diálogos en off, que la manera más sublime de vengarse de la mediocridad de la vida es hacerle el amor a una mujer hermosa. Sí claro, que duda cabe, pero puestos a elegir me quedo con la cervecita. En términos económicos es mucho más barata que el servicio de una señorita en un burdel, pero no se trata de eso. Yo después de un cervezón, con un poco de imaginación y trabajos manuales, puedo aliviar el deseo sexual como hacen miles de personas; incluido yo mismo en periodos de sequía, pero esa simplicidad inefable del néctar de cebada fermentada es del todo insustituible.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Algo bueno me tenía que pasar.


Por el hueco de las escaleras oigo chiflar a mi vecino. Son las ocho y media de la mañana, pero da igual, este tío chifla a todas horas, todos los días. Siempre que me lo encuentro, entrando o saliendo del portal, o recogiendo el correo del buzón lo hace. También lo hace la colección de pájaros enjaulados que tiene en el patio de luces. Los pájaros no sé qué interpretan pero él va para dos semanas que no cambia de repertorio. Hoy también me lo he cruzado y no he podido evitar pensar que es un “chiflatodashoras“, ni siquiera un cantamañanas, que sería lo normal.
No estoy para grandes alegrías y a pesar de que hay quien asegura que también es posible la felicidad un lunes por la mañana, yo no puedo ver la vida con optimismo después de unos kilómetros de carretera mojada y congestionada para volver a ver otra vez las mismas caras. No, no señor. Hoy no puedo ver el rostro pulcro y despejado de Sánchez en la máquina del café sin pensar en la impudicia del enchufado, esa que muestra su arrogancia como si se tratara de méritos propios. Me he cruzado con Lara y me ha parecido el mayor de los infames porque para mí no hay infamia mayor que no devolver un libro prestado. El término paraíso fiscal me parece aberrante y contradictorio y he tenido que oírlo varias veces a lo largo de la mañana. El mejor de los correos que he recibido hoy es el que compara los beneficios del yoga y el alcohol y al salir me he parado a tomar una cerveza y me han puesto unas almejitas de aperitivo, y yo tanto los mejillones como las almejas no los puedo mirar porque si lo hago no soy capaz de comérmelos; me parecen unos bichos horrorosos y extraterrestres familia del cefalópodo ese que salía en Alien.
En una esquina un chico tocaba un blues como los mísmísimos ángeles, y me he parado a escucharlo. Por la calle se ha acercado una rubia potente y hermosa y ni ha mirado, ha pasado de largo ajena totalmente a que esa canción se escribió para alguien como ella y he pensado en lo justo e injusto del sentido de algunas cosas. Pienso que alguien debería haberle gritado...¡Rubia, a Gary moore no se le hace ese desprecio aunque se tenga un culo como el tuyo! También he pensado que las casas viejas tienen alma y que tal vez yo soy una casa vieja.
Esta tarde he recibido una llamada de mi cuñada llamándome degenerado por mi poco apego a la familia; la verdad es que viniendo de alguien que es simpatizante de opus dei me ha parecido todo un piropo. Algo bueno me tenía que pasar hoy, digo yo.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Eso no se hace.


Esta tarde iba yo al notario a hacer testamento. Es algo que hace tiempo tenía pensado porque nunca se sabe. Espero que el cura que haya de darme la extremaunción no sea todavía ni monaguillo (como dice uno que yo me sé), pero como tengo que coger diariamente el coche para ir a trabajar, y ya me he dado un par de leñazos, he pensado que no es mala idea dejar atadas algunas cosas. Ya sabes, hacer beneficiarias a un par de instituciones filantrópicas y joder a mi hermano y mis sobrinos todo lo que me sea posible.
Bueno, en estas tesituras andaba yo al pasar por la plaza de la constitución de mi ciudad cuando de repente me encuentro el ayuntamiento engalanado con dos pendones enormes, tales que llegaban desde el tejado al suelo, con el yugo y las flechas de falange, flanqueando un tercero, igualmente de tamaño bestial, que contenía el águila imperial que salía en las pesetas franquistas junto con el letrerito de “una, grande, libre”. Todo vallado, lleno de insignias rancias, tablados, entarimados y policía custodiando. Uffffff, como en los nodos que conocí en mi infancia, sólo que a color.
Supongo que ya iba bastante predispuesto de antemano, y de repente se me ha pasado de todo por la cabeza durante los breves segundos que me ha durado la impresión. No niego que hasta se me ha descompuesto el cuerpo. Imagínate, la cara de estupefacción de algunos abueletes que pasaban (seguro que van a tener colitis durante unos cuantos días) y la cara de sorpresa, por desconocimiento, de los chavales que cruzaban. Una de las primeras cosas en las que, durante esos primeros segundos, he caído es que el equipo de gobierno, que es del pepé, estuvieran llevando a cabo su versión de la memoria histórica...un pelín lejos a mi gusto, eso sí. El caso es que todo estaba tranquilo a pesar de que los nostálgicos de las “familias de bien” de toda la vida estaban reunidos en nutridos grupitos, mostrando sus pletóricas caras cual sujetos pasivos de una felación.

Ya recuperado de la primera y momentánea impresión y con intención de racionalizar un poco el asunto, me he dado un breve paseito por la plaza y me he dirigido a un pringaillo con pearcing y tatuajes que andaba montando guardia con un chaleco reflectante dentro del cercado.
-Quillo…¿qué pasa aquí?
-Na…que van a rodar mañana la película esa de la Mula.
Ostras, es verdad, me dije, Qué tonto. Si yo he leído la novela y hace unos días me enteré que la estaban rodando en Lopera. El autor, Juan Eslava, tengo entendido que fue profesor del instituto en el que estudié yo bachillerato… Además, en los años cincuenta se rodó en esta misma plaza una escena de una película de Joselito, no sé de qué me extraño.
De todos modos, esto no se hace. No se puede llegar a un pueblo y montar tal tinglado en un rato sin avisar previamente. Más que nada lo digo porque de haberlo sabido no habría pasado por allí con la camisa azul marino que vestía esta tarde, mira tú que casualidad.
Detrás de mí, a mi derecha, con pantalón corto, el director Michael Radford , quien dirigió recientemente "Un plan brillante" y "El mercader de Venecia". Pasa totalmente desapercibido por desaliñado.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Efímera y eterna


Tú y yo somos algo más que un mero accidente que se disuelve en la memoria a corto plazo. Somos vidas cruzadas en un punto de un eje cartesiano. Tú y yo somos un encuentro en una función entre coordenadas, una ecuación con dos variables, dos incógnitas por despejar, una confluencia espacio-temporal. Es cierto que tú y yo no somos el texto de una historia, ni tenemos la dimensión suficiente para un solo verso, pero hemos sido una intersección efímera y eterna.

domingo, 30 de agosto de 2009

Verano raro.

Una noche, a principios de verano, la misma del día en que me dieron las vacaciones, tuve un plácido sueño. Estaba agotado de todo un duro año en el que raramente había conseguido desconectar del trajín diario y del estrés laboral que se va acumulando día tras día. Me refiero a ese estrés que se aloja invisible, pero implacable, y que va deteriorándote con una especie de tensión constante que acaba manifestándose, entre otras formas, con dolores cervicales o lumbares, con ardores estomacales repentinos y con una tristeza incómoda que aparentemente carece de causa.
La única forma que he tenido, durante los últimos meses, de sofocar un poco estos síntomas ha sido escapándome algún fin de semana que otro a un pequeño pueblecito marinero de la costa de Almería que se llama Las Negras. Esta aldea resulta ser una rareza, un remanso de tranquilidad en medio de la vorágine turística que, además, conserva todo el encanto de los pueblos intactos y que resulta ser un lugar dónde puedes encontrarte todo tipo de artistas, intelectuales, gente desnuda paseando por la playa, músicos tocando guitarras y bongós sobre la arena, o alguna bailarina danzando con un precioso vestido blanco en las callecitas con olor a marihuana e incienso de las varillas de los puestos de los hippies. Todo color, gente que va y que viene descalza y libre, en un ambiente realmente relajante. Un poco caro, eso sí.
Como digo, esa noche del día que me dieron las vacaciones, tuve un largo y reparador sueño del que desperté con una especie de optimismo y ganas de emprender el viaje que llevaba tiempo preparando. No sabía en ese momento que había despertado a un verano raro. En todas las playas a las que fui, a lo largo de kilómetros de costa, había desaparecido misteriosamente la práctica del top-les. La chica que venía conmigo llegó a sentirse observada e incómoda inmediatamente después de despojarse de la parte de arriba del biquini. Al principio pensamos que aquello era una playa familiar en la que no había esa costumbre, pero, poco a poco, a medida que pasaban los días y visitábamos otros lugares, percibimos que era igual en todos los sitios. Incluso las chicas veinteañeras tapaban bajo el sujetador sus tetas perfectas.
En la televisión del restaurante, las noticias informaban de las disposiciones del ayuntamiento de Cádiz para prohibir el desnudo en las playas de las afueras de la ciudad, y un juez fallaba a favor de la dirección de un hospital de esa ciudad, que obligaba a las enfermeras a llevar falda. Por su parte, en Valecia se dictaban órdenes que impedían, bajo multa, beberse una simple cerveza en la playa. Desesperados decidimos ir a Las Negras para escapar del enrarecido y mojigato ambiente que se estaba respirando en todos los sitios de costa. Queríamos desnudarnos y estar cómodos, y aquel pueblecito de Cabo de Gata era ideal.
Para nuestra sorpresa y estupor, al llegar tuvimos que pasar por controles de la guardia civil en los que se nos cacheó y se nos trató con inquina. El paisaje estaba totalmente alterado; las calles levantadas, habían instalado un enorme y horrible hotel de lujo en el centro del pueblo, habían aparecido, casi de la nada, innumerables urbanizaciones que se expandían descontroladamente. Ya no era una aldea marinera, ahora era un engendro turístico más, tipo Costa del Sol. Ya no había danzarinas ni hippies en las calles, ni músicos sobre la arena, ni olor a sándalo. La policía los había ido echando cerrándoles los locales, cacheándolos, multándolos e incluso propinando palizas.
Ahora todo estaba plagado de mariquitas de playa vestidos con Lacostes y niñas con mechas y modelitos caros paseándose en descapotables por el pijo y flamante paseo marítimo. En los foros, algunos ciudadanos de la localidad alaban al alcalde, que dispone de su propio blog, por limpiar de indeseables el pueblo…y todo en un verano que ya ha terminado.
Los niños empiezan a llenar las calles para ir al colegio pero la pesadilla aún continúa. No se trata de alumnos de colegios religosos, no. Se trata de alumnos de colegios públicos y acuden en uniforme a las aulas. Un monocromático y deprimente uniforme de falditas grises para ellas y un pantalón igualmente gris para ellos. En la televisión el gobierno anuncia que se va a destinar un presupuesto para pagar los uniformes.

sábado, 8 de agosto de 2009

Qué cosas más raras me pasan a veces.

Verás, hace algún tiempo, aprovechando la comodidad que ofrecían de mandarlo por internet, decidí presentar uno de mis relatos a un certamen literario. Me animó el hecho de que simplemente se trataba de copiar y pegar un par de cosas y de cliclear un par de veces aquí y allá. Si hubiera tenido que imprimir, usar sobres y sellos o tener que bajar al buzón a echar las fotocopias por triplicado, ni me habría molestado.
Bueno, el caso es que yo tenía olvidado el asunto hasta que hace unas semanas me llamaron, del área de cultura del ayuntamiento del pueblo al que presenté el susodicho relato, pidiendo mi autorización para rodar un cortometraje basado en el mismo. Qué cosas más raras me pasan a veces, oye. Como autor, enseguida me picó la curiosidad por ver como sería presenciar en la gran pantalla a los personajes, que en su momento creé, viviendo las escenas de la historia que escribí para ellos y por supuesto accedí a la realización del proyecto.

Ayer, viernes día 7 de agosto, invitado por los responsables del certamen, me desplacé hasta Siles para acudir a la proyección del corto, enmarcado dentro de su V certamen de cortometrajes, en calidad de muestra a cargo de la organización. Ni que decir tiene lo halagado que me siento con el excelente trato que recibí y la noche tan fresquita y maravillosa que viví. Y por supuesto lo satisfecho que me siento con el estupendo trabajo que han hecho en el montaje y la calidad y fuerza de la voz en off.

La misma organización me pidió que dijera unas palabras (cuelgo foto del momento) y que formara parte del jurado en la sección de cortos segureños; función que desempeñé con todo rigor, siguiendo estrictos criterios en cuanto a producción, interpretación y demás aspectos evaluables…

















Aquí os dejo algunas fotos junto al reparto de actores del corto, los miembros del jurado y algunos responsables del evento.








A continuación os dejo también el mismísimo cortometraje, que como veréis han rodado fiel al texto original, el cual podéis encontrar en una entrada de abril de 2008, con el título “Lo que hace el aburrimiento”. Saludos a todos.


domingo, 2 de agosto de 2009

Don de lenguas

Puñetero idioma éste, el castellano, te entienden perfectamente en sudamérica, a más de catorce mil kilómetros, y sin embargo un poco más allá de Almansa o de Ayamonte ya tienes que pedir que te traduzcan.
A mí nunca se me dieron bien los idiomas, me aburrían tremendamente las interminables clases y después no entendía nada cuando oía hablar en situaciones reales. Pero es que los y las listillas de la clase, con todos sus sobresalientes, tampoco entendían ni papa cuando intentaban ligar con guiris en el viaje fin de curso.
Siempre me he preguntado qué característica inasequible para mí y especial tiene la gente que aprende a hablar en otras lenguas.
Basta con acercarte a cualquier negrito que venda Lacostes falsos en la playa para poder tener una conversación fluida con él, en castellano, apenas unas semanas después de bajarse de la patera. Sólo tienes que ir a cualquier puticlub y hablar con cualquier rumana que lleve en España un par de meses. Éstas, normalmente, han tenido como formación previa los culebrones venezolanos que se han tragado, en la televisión vía satélite de su país, para ir familiarizándose con la lengua antes de venir. O simplemente acércate hasta cualquier bazar de todo a un euro, y pídele al moro cualquiera de los miles artículos que tiene en las estanterías y te darás cuenta de que cualquiera de ellos domina tu idioma, en poco tiempo, mejor de lo que tú lo harías en años con el suyo después de estudios, viajes turísticos, intercambios o masteres postgraduados.
Yo he visto a marroquíes, vendiendo refrescos en una rulote, atendiendo a la clientela en diversos idiomas, e incluso a otro que me ubicaba geográficamente a partir de mi acento. ¿Será que provenir del tercer mundo dota a uno de don de lenguas?