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viernes, 3 de abril de 2009

El tiempo que no es necesario

El único tiempo, el tiempo distinto, el tiempo de respirar, el robado, el imprevisto, el que no debería estar ahí de esa manera, el tiempo del que no deberías haber escapado…tu tiempo, el que te permites al margen, el de transitar sin su permiso, el de escapar porque te ahogas, el que nunca te permiten, el regalado, el que no es así como decían, el de una fiesta en pleno lunes, el de un viaje a tu salón, el de un verano bajo cero, el de un otoño en primavera, el de estar perdido y no te escondes. El tiempo que no es temporada, el tiempo al margen de nada, el tiempo donde yo no estoy, donde yo no soy, donde te busco, donde crecen alas, el tiempo de no decir nada, el tiempo que no se pierde aunque te pierdas, el tiempo que no es necesario…

domingo, 29 de marzo de 2009

Mi pequeño Saltamontes

Mi pequeño Saltamontes, es el momento de elevar tu alma y abrir los ojos de tu mente con nuevas enseñanzas al despuntar este nuevo día. Has de saber que muchas verdades irrefutables encierran grandes contradicciones que enturbian su pureza.
Para ilustrar lo que digo te obsequiaré con algunos ejemplos representativos de como el ser humano convive ciegamente con paradojas mil y con prejuicios que nublan su mente hasta impedirle ver con claridad.
Mi pequeño saltamontes, ¿sabías que allá, por las lejanas tierras de Iberia, causa repugnancia la imagen de un chino comiendo saltamontes a la barbacoa o sopa de serpiente? Los españoles ponen toda clase de gestos raros cuando ven en televisión algún documental sobre nuestras costumbres culinarias y, mientras tanto, se llevan a la boca una taza entera de mucosidades viscosas que ensartan con palillos de dientes después de extraerlas de su concha. Y eso por no hablarte de los chorreones de caldo que recorren sus antebrazos una vez terminada esta desconcertante práctica de comer caracoles.
Mi pequeño Saltamontes, también he de hablarte, en esta ocasión, de cómo muchos creyentes de la religión que profesan mayoritariamente por aquellas latitudes europeas, ven como bárbaras, ridículas y atrasadas algunas de las costumbres de las culturas vecinas y sin embargo están familiarizados con la visión de rodillas ensangrentadas y destrozadas después de subir intrincadas calzadas de piedra, movidos por una promesa. Los hay que laceran sus carnes con cilicios y fustas y veras, mi pequeño saltamontes, que curiosamente, esos suelen ser los más críticos e intolerantes para con otras formas de pensar.
Pero también descubrirás que detrás de las grandes personalidades que forjaron la cultura del sol poniente existen no menos caras oscuras. Uno de sus grandes científicos y amante de la paz, un tal Einstein, hoy pasaría por maltratador psicológico, según se desprende de una carta suya que se conserva, en la que imponía humillantes condiciones a su mujer para vivir con él. Mi pequeño saltamontes, incluso uno de los grandes de la poesía francesa de todos los tiempos, Françoise Villon, era un reconocido asesino y ladrón, sin que esto impidiera que produjese las más bellas odas al amor y a la justicia social.
También es costumbre por allí despreciar a otras civilizaciones, y prueba de ello es la gran ignorancia que demuestran al asegurar que la pasta es italiana, cuando en realidad todos sabemos que la llevó hasta allí Marco Polo, después de un viaje por nuestras tierras.
No menos curiosa es la gran veneración que tienen a un tal Davinci; sabio del renacimiento que diseñó todo tipo de armatostes que no andaban ni a empujones, como bien han demostrado las numerosas reproducciones de los mismos. Como ideas no estaban nada mal, pero que se sepa sólo consiguió hacer funcionar un león de madera al que daba cuerda para que caminara unos cuantos pasos y se encabritara.
Un mecanismo de lo más primitivo y tosco comparado con los prodigios que, trescientos años antes, puso en funcionamiento Al Yasari. Te hablo de sofisticadísimos y enormes relojes de agua que anunciaban las horas y sus fracciones mediante grupos de autómatas, tan complejos y articulados que incluso tocaban, de forma real, melodías en una flauta. Y Leonardo sin saberlo, pero es que quinientos años después siguen sin saberlo por allí.
Bueno, pequeño saltamontes, ahora toca hacer kung fu y después barres el Lian Shan Po, que mañana te contaré algunas cosillas más.


lunes, 23 de marzo de 2009

De todo corazón

Un simple quiste de grasa en el dorso de mi mano ha cambiado mi vida considerablemente. El cirujano me lo ha intervenido, pero me ha provocado un pinzamiento perenne en los nervios del dedo corazón, de manera que me resulta imposible flexionar las falanges del mismo. Pronto tomé conciencia, gracias a esta circunstancia, de que algunas de las cosas más escatológicas, mas deliciosas y más interesantes de la vida se realizan con el corazón o requieren de su participación. Imagínate la amplia gama de acciones posibles, desde todo lo referente a hurgar y hurgarse hasta pulsar botones, pasando por señalar y friccionar. Toda una variedad si lo piensas.
Si procuro permanecer con la mano abierta pasa desapercibido, pero realmente existen pocas cosas que se hagan así además de saludar, decir adiós o pedir algo...bueno acariciar podría también ser una de ellas. El caso es que en seguida me percaté de que, aún conociendo la circunstancia, muchas mujeres de mi entorno y algunos hombres no pueden evitar sentirse intimidados ante la visión de esta continua erección dactilar; lo noto en una especie de estremecimiento inevitable y sutil que siempre repiten cuando se cruzan conmigo.
Al principio, esta situación me procuró no pocos momentos incómodos en los que tuve que dar explicaciones. En el restaurante al que suelo ir a almorzar todo eran caras raras; piensa en la estupefacción de aquellos que me veían comer haciéndoles “la peseta” cada vez que me llevaba la cuchara a la boca. Imagina también la confusión que generaba mi dedo en los pubs cuando levantaba el vaso para beber y por supuesto, la de pitorradas que me han dedicado muchos de los coches que me encuentro de frente por la carretera.
Poco después aprendí a adoptar elaboradas estrategias de disimulo y a incorporar en mis decisiones cotidianas todo tipo de precauciones, tales como elegir mesas de cara a la pared en los comedores, o acostumbrarme a evolucionar toda la noche en los pubs con la mano afectada metida en el bolsillo. Esto último me valió el sobrenombre de “tocateloshuevos”, pero me consta que marqué estilo eh.
En estas andaba yo, desesperado, cuando tomé la decisión drástica de amputarme el dedo. La idea me la dio un documental que vi, en el canal Historia, de un grupo de chinos haciéndolo con una pequeña guillotina casera, en protesta por la visita de no sé qué mandarín japonés.
La verdad es que parecía fácil y rápido, pero ocurrieron una serie de sucesos que me hicieron cambiar de idea. Pensándolo mejor, esta misma circunstancia de la inmovilidad me abrió todo un mundo de posibilidades, antes impensables, que estaban resultando de lo más excitantes. Ahora podía levantarle el dedo al jefe sin el más mínimo temor a expedientes disciplinarios; eso habría sido acoso a un minusválido. Ahora podía decir mentalmente “toma cabrón” y mostrarle la mano al guaperas de Martos por el que pierde las bragas mi novia cuarentona, sin temor a quedarme sin sexo, e incluso hacerle “la peseta” a ella, a la vecina, a la coordinadora de planta, a la secretaria, y al picoleto que me para...y todo ello... de todo corazón.

viernes, 13 de marzo de 2009

¿Sabes lo que es un Rods?

Pues, según parece, no es un estilo musical ni una marca de vaqueros, que son unos bichitos que viajan tan deprisa que el ojo humano es incapaz de captarlos. Se sabe que los gorilas pueden verlos, pero en lo tocante a humanos, jamás sabríamos de su existencia de no ser por las cámaras de video y la posibilidad de visionar las imágenes ralentizadas. Me recuerda una película que vi sobre las hadas, pero en ese caso, para verlas, había que ponerse muy colgado ingiriendo una flor.
A simple vista pudiera parecer una fluctuación de la imagen que pasa totalmente desapercibida, pero después de concienzudas observaciones sobre material digital y de un número que supera la simple casualidad, la tecnología ha permitido que podamos ver su aspecto. Se trata de una silueta en forma de palo y cuatro aletas que apenas aparece en tres o cuatro fotogramas congelados.
Claro, lo confuso es el tamaño porque, según se puedan tomar unas referencias u otras, pueden tener desde escasos centímetros hasta metros. Aparecen al lado de aviones, junto a paracaidistas en pleno vuelo o al lado de una señora comprando melones. El pentágono ha confiscado y clasificado videos de rods y, sin embargo, por internet puedes verlos de todas las maneras.
Hay todo tipo de teorías; desde la que asegura que es una aberración de la cámara cuando pasa desenfocada una polilla a toda hostia, cerca de la lente, hasta la que asegura que son entes que irrumpen momentáneamente desde otra dimensión.
Hoy, en el curre, a la hora del café, alguien ha sacado el tema y ha habido todo tipo de comentarios, desde los más filosóficos hasta el de quien, aterrada, asegura comprender, ahora, por qué nunca logra ver a los culpables de unas picaduras muy desagradables que a veces padece.
Un compañero asegura que su hijo tiene un Rods en un bote; no sabía que se llamaba así pero dice que responde a esa forma. Otro comenta que, muchas veces, cuando limpia el frontal del coche, despega muchos de esos bichitos junto con mosquitos y demás insectos inclasificables desde su conocimiento…ya ves, y algunos científicos probando, en un túnel de viento, la aerodinámica del diseño con maquetas de reproducciones a escala…Mañana saco el tema del Ligre…a ver que opinan.

sábado, 28 de febrero de 2009

¿Por qué?

¿Por qué el jazz y su grandeza es una música minoritaria y desconocida mientras suena en los cuarenta principales rap de garrafón que levanta pasiones?
¿Por qué un ruso nos va a representar en eurovisión? ¿Es retrógrado y xenófobo mostrar extrañeza?
¿Por qué la mayoría de las cantantes de última generación parecen comehombres cabreadas?
¿Por qué los toca pelotas de los futbolistas mueven millones de euros mientras que los facultativos que salvan vidas diariamente tienen sueldos inferiores a los que tenían los albañiles antes de la crisis?
¿Por qué los guiris son tan horteras?
¿Por qué la mayoría siempre lleva la razón aunque estén institucionalizando las injusticias más evidentes?
¿Por qué los tipos más mediocres acaban por ser jefes y decidir sobre la vida de los demás?
¿Por qué los cabrones más intimidatorios e insufribles necesitan visitar los templos, los domingos por la mañana, dándose golpes de pecho y entonando el mea culpa?
¿Por qué nos dejamos manipular con conceptos como derecha e izquierda, si realmente son la misma cosa dependiendo de quién nos la presente y cuándo y dónde se nos crucen en una coyuntura social?...Ejemplos hay bastante ilustrativos.
¿Por qué me pone los pelos de punta la disciplina de partido?
¿Por qué no existe una opción política que represente a quienes no están de acuerdo con las excentricidades dañinas de la “izquierda” y los excesos de paternalismo decimonónico de la “derecha”?
¿Por qué los “simpáticos”, carnavaleros y bromistas gaditanos se violentan ante la broma de un foráneo?
¿Por qué es tan grave que yo diga sudaca sin odio, igual que digo tocata o bocata, y sin embargo no pasa nada si un argentino me pone a parir y me llama gallego aunque sea andaluz?
¿Quién tiene la culpa de que los maestros trabajen acojonados y los padres vayan a la cárcel por darle un cachete a un chaval que se lo merece?
¿Por qué tanta polémica sobre la edad adecuada para tener relaciones sexuales legales y tanta impunidad para un menor que asesina?
¿Alguien comprende de qué va la huelga de jueces?
¿Por qué muchos piensan y nadie dice que Picasso es un fraude y Penélope Cruz y Almodóvar están sobrevalorados?
¿Por qué te tachan de facha si cuestionas los antiguos y apolillados tópicos progres del siglo pasado que imperan ahora?
¿Por qué se siguen casando parejas veinteañeras?
¿Por qué lo vemos y seguimos empeorando?

lunes, 16 de febrero de 2009

Me he echado novio

Mis cuñados me han advertido muy seriamente que no les dé ideas a mis hermanas. Dicen que últimamente, desde que tuvimos la conversación en casa de mamá, en el cumpleaños de mi sobrina, andan bastante contestonas. Yo no las estoy incitando a nada. Sólo les dije la verdad; que me he echado novio.
No pensarían que después de separarme iba a estar a salto de mata eternamente…ni hablar. Además que yo no tengo tiempo de nada. Estoy todo el día trabajando, con los niños y con la casa, no como ellas, que les da para apuntarse a talleres de teatro y al gimnasio.
Antes me daba envidia ver el tiempo que tienen para ellas mismas, pero ahora tengo novio y de haberlo sabido me separo antes. Ahí iba yo a estar aguantando. No digo yo que éste sea perfecto, pero vamos… no hay color, donde va parar; éste sí que sabe, y además me hace la comidita, me retira la mesa y me trae el desayuno a la cama los fines de semana que nos vemos. Y menos mal que no os cuento los centrifugados que me mete. De todos modos no lo creeríais. Yo tampoco me lo creo…vamos que ríete tú de la vida perra de Juanita Narboni.
¿Sabes lo que te digo hermana?...que por mucho método Pilates con el que te machaques no te vas a librar del efecto piruleta. Sí, ya sabes…ese que te ensancha la espalda y te hace perder el culo a partir de cierta edad. Mi novio me lo hace perder a mí, pero con el método pollates, y gratis…¿Qué? ¿Cómo se te ha quedado el cuerpo?
Te enseñaría una foto suya para que veas lo guapo que es, tengo una que le hice el día de su cumpleaños, que le llevé una tarta y todo, pero con la humareda de las cuarenta y tantas velitas encendidas no se le ve muy bien la cara. A mí ya no me da envidia de vosotras, yo, ahora, tengo novio, y me pongo batas de leopardo y lencería de fantasía a juego.

jueves, 5 de febrero de 2009

Sórdido

Yo no lo busqué, simplemente sonó el teléfono y una señorita me confirmaba la reserva para Javier en un hotel de Valencia. Javier iba a Barcelona ese fin de semana, según me dijo; como hiciera otras veces por motivos laborales. No era un error; quien se supone que estaba con él me lo corroboró, extrañado, cuando lo llamé. Después, el mismo Javier, acorralado, declaró con exasperación que estaba con Maite; la mujer de su socio. Y lo hizo desafiante y violento, imponiéndose cínicamente.
No me di cuenta. De verdad que no reparé en nada. Mi sistema nervioso era el piloto automático de un avión y mi cabeza un caos de rabia e imágenes inconexas. Pero lo peor era la incertidumbre; la incertidumbre ante lo impensable.
Mamá se quedó con los niños, preocupada y resignada, y yo subí en el coche y conduje con intención de llegar hasta allí, sin saber exactamente para qué. Imagino que años de matrimonio y seguridad imprimen una inercia absurda a las acciones. Tal vez me presentaría en el hotel y llamaría a la puerta de la habitación para sorprenderlos. Montaría en cólera y reclamaría violentamente lo que me pertenece. Tal vez era esa la razón de mi viaje hasta allí.
El coche avanzaba, zigzagueante y peligroso, al compás de mis pulsiones y los kilómetros se sucedían en mi cabeza enajenada, que viajaba ajena a los detalles del salpicadero. Alguien, detrás, se percató de que algo no iba bien para quien estaba al volante de ese automóvil y me siguió durante unos kilómetros.
Se paró, el coche se paró porque había tantas cosas chapoteando en mi mente que mi atención no estaba en disposición de ver que el indicador de reserva llevaba encendido demasiado tiempo. Y ahí, de verdad de que no me di cuenta, todo se paró… o todo empezó; no lo sé muy bien. Tal vez iba hacia el abismo, escapaba de él o me deslizaba por su rápido y devorador tobogán en esos momentos.
No llegué; hasta la puerta de aquella habitación de hotel quiero decir, pero sí llegué a otros lugares hacia los que me condujo aquella inflexión en la línea desesperantemente lineal de mi vida.
Detrás de mí paró el automóvil que me había estado siguiendo, y de él bajó quien en pocos minutos hizo que dejara de importarme llegar a ninguna parte. Todo se detuvo y dio lugar a un reconfortante dejarse llevar que mis nervios interpretaron como una alternativa a romperse definitivamente.
Aquel hombre se encargó de solucionarlo todo mientras yo permanecía sentada y después me fui con él. Me daba igual a dónde. Me daba igual su respiración profunda mientras me penetraba, me daban igual sus billetes de quinientos euros cada vez que sacaba la billetera para canjear en el casino, me daba igual la automática en la guantera, me daba igual aquel lujo de tapicería de cuero blanco en el bemeuve y en los sofás del salón, y también me dio igual el cuerpo tendido después de aquel sonido atronador del disparo.