Ni mi madre, ni mi abuela, ni mi primera novia…¡que va! Para saber quien es la mujer más importante de mi vida hay que remontarse más atrás en el tiempo, hasta mi tierna infancia. Yo no lo supe hasta mucho después; cuando un psicólogo de la escuela freudiana me retrotrajo, a través del psicoanálisis, hasta aquellos días de televisión en blanco y negro con sólo dos canales. Ahí estaba Pipi Langstrum, mandando poderosos mensajes subliminales a toda la población infantil que hoy somos cuarentones. Yo, personalmente, aprendí con ella cosas que han marcado toda mi vida.
Gracias a ella supe que en el desastre está la solución; ya lo había intuido previamente, pero conocerla en la pequeña pantalla fue algo totalmente revelador. En seguida me identifiqué. Con ella aprendí también a ser respetuoso con la naturaleza; fíjate que tenía un mono o un caballo con lunares (no me acuerdo muy bien) al que llamaba, muy ceremoniosamente, Señor Nilson, y lo trataba con más respeto que al padre, que era un pirata borrachuzo. Existe una teoría que asegura que lo de andar todo el día del mono al caballo y del caballo al mono era una clara alegoría que el guionista, que era bastante drogata, introdujo; haciendo referencia a su propia experiencia vital.
En la vida real, Pipi Calzaslargas, tenía un primo que se llamaba Gil y Gil, que también era más respetuoso con los caballos que con las personas, aunque a veces, a Pipi, se le iba el casco y le tocaba los cojones al caballo levantándolo a pulso.
Fue devastadora la influencia que tuvo su imagen a principios de los años ochenta. ¿De dónde crees que salieron los punkis? …pues eso, de sus fervientes seguidores infantiles. Aquellas coletas fueron precursoras de toda una estética estilística y de hecho, Pipi, de mayor, tocaba en un grupo que se llamaba las Vulpes. Cuando oí por primera vez su éxito “me gusta ser una zorra” mi vida volvió a enriquecerse con una visión nítida, sobre el sentido del amor, que ha guiado mis pasos hasta el día de hoy.
Pero la sombra de Pipi es más poderosa de lo que a simple vista pudiera parecer, y la prueba evidente es la influencia que tuvo en la forma de entender la economía de los políticos de principios de los noventa. Sí, la cultura del pelotazo tuvo su génesis en el cofre lleno de monedas de oro con el que vivía haciendo lo que le salía de las calzas…a ver de dónde coño había salido el cofre. Me consta que Mario Conde, Juan Guerra y Roldán no se perdían ni un capítulo.
Y si hablamos del mundo de la moda, ni te cuento… empezó llamándose Ágata Ruiz de la Prada y ha acabado de asesora de imagen de cantidad de ministras. Lo flipas con la Pipi. Sin duda, la mujer de mi vida.